miércoles, 21 de enero de 2015

5.45 a.m.

Mierda. Soñar contigo es peor que una pesadilla. Solo quiero descansar y ahora hasta eso no lo puedo hacer. Mierda.

lunes, 19 de enero de 2015

Divagación 20:46

ii

Con el nevado echándole ánimos
roza la mano de ella
los vellos se le erizan 
regresa a su mirada, ambrosía cálida
y le encuentra entre los labios lo que buscaba:
raspado de guayaba.

miércoles, 7 de enero de 2015

Cambios

"Cambiaste"
Le echaba en cara todo lo que ella había cambiado, le echó en cara en que eso acabó con todo lo que tenían.
Él dijo que su manera de pensar era distinta, su actitud era diferente, su mirar, su sonrisa.
Lo que él no se detuvo a pensar era el porqué y por eso se marchó.
Él no sabía que ella empezó a madurar. Que el ser perfecta para él la atormentaba porque parecía que no lo era.
Él no sabía y nunca supo el daño que eso le hacía y para rematarla la dejo sola, en medio de su intento de madurez.
En medio de un mundo donde ella adaptó todo para él.
Qué grande el error de ella.
Qué gran dicha para él.
Lo que nunca supo él fue que ella cambió por él y ya no hay vuelta atrás.
Él solo cambió algo para evitar problemas ajenos, a ella.

miércoles, 31 de diciembre de 2014

El encuentro de Tay

La joven Tay (pronunciación: tey) no veía el reloj porque ella sabía que era tarde. La siesta de las tres se había alargado un poco más de lo previsto y ella tenía que estar en la fiesta de fin de año en aquel apartamento a las 6:00 p.m. Si no tuviera que cocinar se diría que iba en tiempo. La vio imposible así que avisó que ella llegaría cuando tuviera que llegar.
Corrió al súper, guisó su especialidad (la cual era una crema) y se metió a la ducha para arreglarse.
Tay no era de las chicas que eran perfectas para el maquillaje y vestimenta pero debo decir, que esa noche lucía como una chica fuera de problemas y tan linda, con aquel vestido rojo con un poco de vuelo, con aquellos zapatos con un tacón ligeramente alto, con ese peinado de lado lleno de caireles. Parecía que alguien experto en moda la hubiese vestido como muñeca de aparador.
Se topó con un tráfico de infierno rumbo a la fiesta. Eran las 9:00 p.m. cuando Tay seguía atorada en aquel taxi y su dueño que no paraba de fumar. A ella le molestaba el humo de tabaco.
Las 11:00 p.m. y Tay seguía en ese taxi. «Mierda» pensó ella mientras sacaba dinero para arrojárselo en la cara al taxista y salir corriendo abandonando todo ahí menos su bolsa y corrió en dirección a la fiesta. «Yo creo que hasta el hambre se les fue ya» pensaba mientras corría.
Esa fiesta era como cualquier otra: buena música, charlas, unos cuantos tragos sanos, risas y esas cosas.
11:50 p.m. Casi la hora de las campanadas y Tay esperaba el elevador, el cual no bajo ya que estaba averiado y ya eran 11:55 p.m. para entonces. Tay corrió a las escaleras y subía hasta el décimo piso. 11:59 p.m. llegó y buscó a cierta persona.
No sabes cuánto te esperé dijo aquel hombre.
Había tráfico y hasta el guisado se quedó ahí atorado dijo Tay agitada mirando los grandes ojos color miel de aquel hombre.
Te ves tan hermosa, mi pequeña niña.
No sabes cuanto ansiaba conocerte, papi.
Tay lo abrazó y no lo soltó hasta las 12:05 a.m. del nuevo año.

Debemos dar gracias por que este año, la mayoría terminó este año con las mismas personas con las que lo empezó. Algunos son nuevos y otros cuantos ya están tocando las campanas arriba. Dar gracias por cada amigo que se quedó, que acaba de llegar o que se fue. Dar gracias por lo que tenemos y por lo que no. Dar gracias de ser afortunados al tener casa y comida. Dar gracias por el cariño que tienes. Un año más pasa pero las oportunidades de cambio siempre han estado ahí.  No esperes el  «año que viene» para hacer algo, mejor espera un nuevo día, esos son a diario. 

martes, 30 de diciembre de 2014

Divagación 23:41

Entonces llegó un policía barrigón, parecido a otro con el que había divagado antes, a decir algo ininteligible, mas con ese enfado en el rostro qué ganas me iban a entrar de pronunciar disculpe ¿qué dijo? Bah, caminé a la salida. La exposición terminaba con maletas recuperadas de antiguas estaciones y pensé en la increíble desventura y fortuna de quienes fueron los propietarios de éstas. Me vino a la mente la imagen de los afligidos viajeros que nunca encontraron su equipaje, que ni idea hubieran tenido que un común divagador poco más o poco menos de 50 años después del extravío las estaría observando riéndose por la nariz porque fantasear con gritarle a Lupe (quién sabe por qué alguien con ese nombre perdió la valija con la que viajaba hace medio siglo) que la petaca de doña Chana fue a dar al museo le causa gracia.
A un lado de las maletas decía: «Algo nuestro dejamos para siempre en la vieja estación cuando partimos: cierto canto, el rostro de lo amado, el persistente errar que es despedirse, y sobre todo el tiempo, la edad que el hábito redondo del reloj anuncia se ha marchado. Sólo el viaje, con la métrica exacta del durmiente y el deseo de abrazarse de las vías —que en un punto improbable del paisaje se reunen— invita a continuar en el camino. Pero la estación, con sus rasgos de limbo y purgatorio, se guarda de opinar sobre el destino». Eduardo Vázquez Martín escribió eso, ¿para qué? Quizá ni él lo sabe. Lo que sentí, con las palabras del señor y las petacas dejándome estafermo, fue la poesía que encontré en SLP.

sábado, 27 de diciembre de 2014

¿Por qué soñamos?

¿Por qué tenemos que soñar cada vez que nos vamos a dormir, si cuando uno sueña es cuando el cerebro empieza a trabajar más? Pero yo no sueño nada, simplemente se despeja mi mente y me pongo en blanco. Algunas veces sueño cosas locas que rara vez logran hacerse realidad y es lo que más me aterra. Las ocasiones que sueño mi mente crea cosas... Sueño que muero o que las personas que quiero se mueren por mi culpa o por una tontería mía y temo que llegue a pasar eso. Cuando llego a morir en uno de mis sueños siento cómo se acelera mi corazón. Llega el momento y siento que se empieza a detener lentamente hasta dejar de latir por un instante, pero de nuevo empieza a latir como si reviviera y esos sueños son los que me hacen preguntarme: ¿qué pasa cuando estamos muertos y nos vamos de este planeta? ¿Qué hacemos ahora? La verdad me intriga saber qué se siente morir pero a la vez surgen más preguntas que no puedo responderme y al final digo que sólo fue un sueño todo.
Llego a soñar cosas raras que hasta tengo miedo de mí mismo. Todo lo que pasa en el día se vuelve un sueño pero con las decisiones contrarias como si fuera paralelo a cada decisión tomada, tomando en cuenta cada detalle de ello; lo que hubiera pasado. También sueño cada detalle de la muerte, la mía y la de los demás. No puedo apartar ese pensamiento de mi cabeza. Cada vez que llego a morir en un sueño surgen más y más preguntas, que quisiera responder de inmediato poniéndome en riesgo, porque no me importa mi cuerpo. Aunque todavía no lo haré tengo más preguntas que responder que surgen de mis sueños, nuevas ideas y muertes solamente. Sueno un sádico, ¿verdad? Pues qué quieren que haga. Estoy lleno de preguntas que quiero responder experimentado con mi cuerpo, pero aún no, todavía no es el momento.

Una carta para un extraño

¿Otra vez tú? Bueno, hola, ya sabes quién soy ¿no? Por si no me voy a presentar:
Soy una persona callada, muy cerrada, pero a la vez creativo. Me gusta ser libre en mi cabeza con mis pensamientos pero esa es mi gran debilidad. Te preguntarás por qué es así. Es mi flaqueza porque cada que no hago nada surge una voz que empieza a hacerme una plática. Ésta llega a deprimirme o a veces sacarme del aburrimiento. Pensando en qué carajos voy a hacer mañana: si algo productivo o solo estar en la cama escuchando Gary Jules, hablando al aire y reflexionando en lo que hago, pero, cuando no esta la voz, me siento solo, sin compañía alguna.
No puedo dejar de hablar con ella. Ya hice cotidiana esa conversación en mi cabeza, día a día, desde los problemas en mi casa hasta los golpes sin razón de mi hermano; esa voz es la que me pone de ánimo, me deprime regañándome diciendo: «ponte a hacer algo, inútil, no seas un desperdicio de dinero para tus padres y ponte a hacer algo». 
No sé por qué me dice eso mi cabeza, mas qué puedo hacer, ya me acostumbré a escucharla, no puedo estar solo y es mi mejor compañía entre las discusiones de mis padres y de los golpes de mi hermano. Mi gran debilidad cuando estoy solo sin hacer nada, en resumen, soy yo